Divorcio

El divorcio en nuestra sociedad

Los cambios en la cultura vincular son vertiginosos. En nuestra imaginación conviven imágenes a veces contradictorias: la ilusión de eternidad junto a la necesidad de la satisfacción inmediata y urgente; la fugacidad de las pasiones y la búsqueda de la felicidad absoluta.

Se ha perdido la seguridad de antaño en las relaciones amorosas. Aún cuando fuera sostenida por pilares no afectivos. El divorcio en nuestra cultura no es más que el reflejo de estos cambios.

Históricamente, el matrimonio no es lo que era. El amor se ha transformado en el requisito fundamental para contemplar la unión; antes, otros valores eran considerados los fundamentales para sostener el matrimonio: mandatos sociales, intereses económicos, acatamiento de reglas, etc. Hoy, el amor se ha transformado en la base de la unión, y su ausencia puede legitimar el fin de la misma.

Acostumbrados como estamos en nuestra sociedad a convivir con él, casi no reflexionamos acerca de sus implicancias y, sobre todo, acerca de sus efectos.

El divorcio es resultado de un proceso más largo y complejo que aquel que lo determina legalmente. Es un proceso que conmueve estructuralmente a quienes lo padecen. Se trata de volver a armarse después de una tormenta que arrasó con las estructuras, con las construcciones conjuntas, con lo realizado y dolorosamente, con los proyectos comunes.

No se trata de una crisis pasajera, sino de una experiencia que deja huellas indelebles en quienes se ven atravesados por él.

Una familia es capaz de sobrevivir, pero debe modificarse para ello; reacomodarse a nuevas formas de vivir, tornar la experiencia en una fuente -por su inevitabilidad- de aprendizajes acerca de sí mismo y de los otros involucrados, pueden ser buenas maneras de encontrar sentidos positivos para el después que generalmente se presenta amenazador.

El proceso de un duelo

Cuando pensamos en el divorcio nos resulta problemático el pensar en la disolución de un vínculo de dos que envuelve hijos. La separación de los cónyuges supone un quiebre en una tradición construida sistémicamente; una red de valores, hábitos, costumbres, proyectos y modos de enfrentar la vida que son transmitidos educacionalmente -desde la normativa y desde el clima emocional- a los hijos. Aprendizaje familiar que supone una lectura particular -y su interpretación- de lo que es la realidad para cada familia.

La muerte del vínculo es una muerte anunciada: pequeñas fracturas, distancias crecientes, rencores acumulados, fricciones en aumento, configuran un sutil campo de batalla para enterrar el proyecto amoroso de la pareja. Algunas veces, estos desencuentros forman parte de la evolución natural de un matrimonio que encontrará un nuevo equilibrio; otras perfilan una nueva manera de organización determinada por la separación.

Lo más importante en cualquiera de estas etapas, siempre será tener en cuenta a los hijos, como inocentes participantes de una situación que, para ellos, siempre tiene toques de tristeza y pérdida; nada menos que un duelo.

Protagonistas

Resentimiento, temor, culpa. La culpa se instala en el proceso de divorcio: provocar el dolor en el otro, en aquel que quiso privar de un padre o una madre cotidianos a los hijos desmadejan hilos de culpa que van y vienen. Si entendemos que una familia es una construcción de dos, aún con pesar, debemos acostumbrarnos a pensar en responsabilidades compartidas y no en culpas.

Las culpas y el enojo pueden enfrentarnos a sentimientos de poca valía, hundirnos en pozos de los que ignoramos cómo salir; aterrorizarnos ante la posibilidad de nuevos vínculos.

Pero hay maneras sociales de encarar la idea de un mejor divorcio: existen en muchos lugares grupos de personas que han atravesado la experiencia y que trabajan para demostrarse las posibilidades de reconstrucción; orientaciones terapéuticas especializadas para que el desenlace sea lo menos traumático posible. Hay grupos para padres, grupos para hijos, grupos para familia extendida. Hay instituciones escolares que tienen montada una red de apoyo en situaciones complejas para los hijos, instituciones religiosas, etc. Todas son maneras válidas y recomendables para prevenir futuros efectos nocivos.

Hijos: un capítulo aparte

¿Los protagonistas? Los padres. Son quienes escriben el guión, quienes deciden. Los hijos son espectadores de una tragedia ajena que los envuelve completamente. Muchas veces olvidados a un costado, en el fragor de la batalla; otras veces, tristes, utilizados como botines de guerra, como instrumentos de venganza, como herramientas de manipulación. No son consultados, sino informados, son quienes resultan más desprotegidos frente a una situación general de sufrimiento.

Para ellos el divorcio de los padres no representa una nueva oportunidad, no una puerta para lograr una vida mejor; por lo general para ellos representa una sumatoria de pérdidas profundas: la familia intacta y unida, y la protección y cuidado que significa. Los peligros de pérdidas adicionales amenazan: el contacto con uno de los progenitores, el amor de uno de ellos, etc. Muchos hijos recurren y se amparan en la ilusión de un retorno: anhelan una vuelta a la familia unida aún cuando permanecer en ella haya sido un estado caótico.

Cada edad privilegia maneras de demostrar las huellas de la separación de los padres. Hay síntomas a corto, mediano y largo plazo que denuncian la confusión en que se ven sumergidos.

Generalmente, en los niños en edad escolar suelen aparecer conductas no habituales como baja en el rendimiento, mal comportamiento, disminución de la concentración; abatimiento, retraimiento, agresividad.

Los adolescentes tienen sus posibilidades de expresión: rencor, fluctuaciones de la lealtad, competencia, acomodarse peligrosamente en el lugar del que se fue. Los bebés, pequeñas esponjas, absorben la inquietud de su entorno y pueden mostrarse inquietos ellos mismos, presentar trastornos en el ritmo del sueño, de la alimentación, del estado de ánimo.

Las manifestaciones que comprometen la salud física no son raras: aparición de enfermedades, baja de defensas, propensión a recaídas, pueden asimismo ser habituales.

Lo importante es entender que para ellos también se trata de un proceso, que los adultos deben brindarles seguridad, asistencia, explicaciones, tiempo. Deben construir un modelo con padres presentes para que no sientan que perdieron los referentes. No hay que olvidar que quienes se divorcian son los padres, no los hijos.

TEPT en víctimas de abuso sexual

Trastorno de estrés postraumático

Índice: 

  • Estadísticas

  • Tipos de acontecimientos traumáticos más prevalentes

  • Definición y síntomas

  • Trastornos asociados

  • TEPT en niños 

  • Qué puedes hacer si tienes un TEPT

  • Agresión sexual a mujeres

  • Agresión sexual a hombres

  • Abuso sexual en la infancia

  • Tratamiento psicológico del TEPT


    Un acontecimiento traumático es un suceso que es vivido como aterrador, con un miedo intenso, horror y sensación de impotencia, de que no hay nada que pueda hacer para escapar o evitarlo. Casi la totalidad de las personas expuestas a un suceso traumático desarrollan síntomas típicos del trastorno de estrés postraumático (TEPT), durante los días siguientes al trauma. Es una reacción normal encaminada a asimilar lo sucedido y aprender lo más posible de dicho acontecimiento, como un modo de mejorar la supervivencia en el futuro. En muchos casos estos síntomas vas disminuyendo paulatinamente hasta desaparecer. Sin embargo, si los síntomas perduran después de un mes, se considera que existe un trastorno de estrés postraumático. En los casos en los que el trastorno se prolonga entre 3 y 6 meses, existen muchas probabilidades de que se haga crónico, pudiendo durar años y afectando significativamente la vida de estas personas en todos sus ámbitos.

   Puede ocurrir a cualquier edad, en ambos sexos y en personas psicológicamente sanas y bien ajustadas. Tiene un efecto acumulativo. Es decir, cuanto mayor sea el número de traumas vividos, mayor probabilidad existe de desarrollar un TEPT.

   Entre las situaciones que más probabilidades tienen de dar lugar a un TEPT se encuentran la violación, el abuso sexual, guerras, catástrofes naturales, asaltos, atentados terroristas, abuso físico, etc. Puede tratarse un suceso que esta persona ha vivido personalmente o de algo de lo que ha sido testigo o que le han contado, leído o visto en televisión.

   La severidad de los síntomas puede varias en función de muchos factores, incluyendo la gravedad del trauma, el modo en que fue percibido por el individuo, la capacidad personal de afrontar el estrés y el tipo de apoyo y ayuda recibido de la familia, amigos, profesionales, etc.

Estadísticas

   Alrededor del 30% de las personas se ven expuestas a lo largo de su vida a algún acontecimiento traumático. De estas personas, entre un 10 y un 20 por ciento desarrolla el trastorno. Los hombres experimentan más acontecimientos traumáticos que las mujeres, pero las mujeres tienen más probabilidades de sufrir experiencias que tienen una probabilidad más alta de provocar este trastornos en ambos sexos, como es la violación, que da lugar a un TEPT en el 50 % de las mujeres y el 65 % de los hombres.

Tipos de acontecimientos traumáticos más prevalentes.

-Entre las mujeres es más común la violación y acoso sexual.

-Entre los hombres son más prevalentes la amenaza con arma, presenciar una agresión o asesinato y un accidente de tráfico grave.

-En ambos sexos por igual: muerte inesperada de un ser querido, accidente de tráfico con riesgo para la vida, presenciar una agresión o asesinato, asalto con violencia, amenaza con arma y catástrofe natural.

Definición y síntomas

   Las personas que desarrollan este trastorno no pueden integrar lo sucedido en su memoria. Es decir, el trauma no ha llegado a formar parte de su pasado, sino que continua permaneciendo presente en su vida psíquica. Los recuerdos no se modifican con el paso del tiempo ni pierden su carga emocional, como suele suceder normalmente, sino que permanecen con la misma viveza y sensación de realidad a pesar del paso del tiempo, “como si hubiera sucedido ayer”.

   Los síntomas son los siguientes:

   Reexperimentación. Consiste en volver a revivir en su mente lo sucedido, a través de pensamientos, recuerdos o imágenes mentales relacionadas con el trauma que aparecen en su mente sin que pueda controlarlo cuando se encuentra en un estado de alerta o cuando la víctima está expuesta a situaciones que le recuerdan el trauma. También tienden a revivirlo en forma de pesadillas que escenifican el trauma o bien expresan lo que siente la víctima, aunque no guarden relación directa con lo sucedido, como cuando sueñan que son sepultados por una enrome masa de agua durante un maremoto. A veces se producen flashbacks, durante los cuales tienen la sensación de estar viviendo de nuevo todo lo que pasó. También pueden sentir sensaciones físicas parecidas a las que sintieron entonces. Estas reexperimentaciones van acompañadas de emociones intensas como pánico y rabia, sensación de gran peligro (con ansiedad), deseo de escapar o deseo de defenderse atacando a alguien.

   También pueden reaccionar ante los recuerdos mediante síntomas físicos, como agitación, temblores, sudoración, taquicardias.

   Reexposición compulsiva al trauma. De un modo que no logran explicar, tienden a buscar situaciones que les recuerdan el trauma vivido. Por ejemplo, las mujeres que han sido maltratadas en la infancia tienden a convivir con hombres maltratadores, las niñas que han sufrido abusos sexuales tienen más probabilidades de dedicarse a la prostitución o los niños que han sido maltratados en la infancia tienen más probabilidades de ser maltratadores en la edad adulta. Una posible explicación es que estas personas tienen la sensación de haber fracasado ante dicha situación y buscan revivirla para intentar controlarla y salir indemnes de ella.

   Evitación y embotamiento.  Debido al malestar que sienten ante los recuerdos, tratan de evitar cualquier situación, persona o conversación que pudiera recordarles el trauma. Cuando van por la calle temen que pueda volver a repetirse, de modo que algunos pueden llegar a desarrollar agorafobia. Conforme pasa el tiempo, son cada vez más las cosas que les recuerdan lo sucedido, debido a que se van estableciendo asociaciones entre unas y otras; empiezan a sentirse acosados por lo sucedido pero, paradójicamente, cuando más tratan de huir más parecen perseguirles los recuerdos. Esta huida llega a dar lugar a un embotamiento de los sentidos, en un intento de dejar de sentir cualquier cosa para no sentir más dolor emocional. Las emociones, sean positivas o negativas, llegan a ser una amenaza, de modo que dejan de sentirlas, se distancian del resto de las personas, incluidas sus familias, parejas o amistades, el mundo exterior empieza a perder su viveza y se transforma en algo frío y distante que no les produce ninguna reacción especial. Se sienten vacíos por dentro, como muertos en vida y pierden el interés en cosas o actividades con las que antes disfrutaban

   Hipervigilancia. Reacciona intensamente ante estímulos irrelevantes. El sonido del teléfono, cualquier golpe inesperado, una palmada en la espalda, etc. los hace sobresaltarse bruscamente. Se encuentran en un constante estado de alerta, percibiendo mundo de un modo hostil y amenazante. Tienen problemas para dormir, irritabilidad, nerviosismo y estallidos violentos. El continuo estado de activación los distancia tanto de sus emociones como de sus sensaciones corporales.

   Síntomas secundarios. Son síntomas que se producen como consecuencia de los anteriores.

-Agresividad y rabia hacia los demás o hacia sí mismos. Debido a su necesidad de defenderse, al hecho de no poder controlar sus síntomas y al estado de alerta en que se encuentran.

-Culpa y vergüenza. Suelen aparecer cuando empiezan a pensar que deberían haber hecho algo, que si no hubiesen hecho tal o cual cosa tal vez lo habrían evitado. En parte, esto es debido a una necesidad de control: si se consideran responsables pueden pensar que hay algo que pueden hacer para evitarlo si vuelve a suceder, que no están totalmente a la merced de su agresor. De hecho, este es un mecanismo de protección bastante extendido que a veces lleva a las personas a culpar a la víctima para poder seguir pensando que puede evitarse, que a ellos o a sus seres queridos no les pasará algo así porque sabrán impedirlo. Pero lo cierto, es que muchas veces es imposible controlar el comportamiento de otras personas.

-Problemas para relacionarse. Les resulta difícil volver a confiar en los demás. Su embotamiento emocional puede impedirles sentir cercanía emocional hacia otras personas. Su necesidad de estar en guardia y defenderse puede impedirles dejarse llevar en situaciones íntimas con sus parejas, pues eso requeriría bajar la guardia, lo cual puede dejarlos a merced de ese mundo que perciben como hostil, un lugar en el que pueden pasar cosas terrible, pero no a los demás, como suele creer la mayoría de las personas, sino a ellos mismos, sin previo aviso y sin que puedan hacer nada para evitarlo. Pueden acabar aislándose del resto de las personas y del mundo.

Trastornos asociados.

   El 85% de los hombres y el 70% de las mujeres suelen tener algún otro trastorno asociado, como consecuencia del trauma vivido. Entre estos trastornos se encuentran la depresión mayor (el 50 % de las personas), trastorno obsesivo-compulsivo, fobia simple, fobia social, trastorno de pánico, agorafobia y ansiedad generalizada. El abuso de alcohol se produce en el 50% de los hombres y el 30 % de las mujeres.

Trastorno de estrés postraumático en niños

   Prácticamente la totalidad de los niños que presencian el asesinato de un padre o una agresión sexual desarrollan un TEPT, así como el 90% de los niños que sufre abuso sexual,  el 77% delos niños expuestos a tiroteos en la escuela y el 35 % de los expuestos a violencia callejera.

   Hay tres factores que pueden aumentar o disminuir la probabilidad de que los niños desarrollen TEPT:

  1. La severidad del acontecimiento
  2. La reacción de los padres.
  3. la proximidad física al acontecimiento traumático.

   Los niños que reciben el apoyo de sus familias y que tienen padres con menos estrés, tienen menos probabilidades de desarrollar TEPT. Los acontecimientos traumáticos provocados por las personas tienen más probabilidades de desarrollar TEPT que otros tipos de traumas.

Síntomas.

  • Reexperimentan el trauma a través de pensamientos, recuerdos o pesadillas que suelen centrarse en los momentos de extremo terror o desesperanza vividos durante el suceso. Pueden ir acompañados de síntomas físicos como taquicardias, náuseas, vómitos y sensación de mareo

  • Sus juegos o dibujos suele incluir la incorporación de las experiencias traumáticas.

  • En ocasiones pueden reproducir en los demás las experiencias traumáticas que sufrieron.

  • Evitación de pensamientos, sentimientos o actividades que desencadenen el malestar asociado al trauma. Pueden disminuir su interés por las actividades en general, presentar regresiones en sus capacidades ya adquiridas, como el lenguaje, orinarse en la cama o presentar trastornos de conducta como interrumpir las clases para disminuir su ansiedad.

  • Estado de activación que da lugar a trastornos del sueño, irritabilidad, estado de alerta, dificultades de concentración, acentuadas respuestas de sobresalto y a veces, rabietas y agresividad. Se encuentra hiperalerta y preparado para responder a posibles amenazas del entorno.

  •  En los niños menores de tres años, los síntomas más frecuentes son: mutismo, regresión (chuparse el dedo orinarse encima), temores, pesadillas o terrores nocturnos, y la repetición a través del juego.

  • Los niños de edad escolar suelen presentar cambios en su afectividad y comportamiento, disminución de rendimiento escolar y abandono de las tareas domésticas en las que solían colaborar.

  • Los adolescentes y niños mayores suelen sentirse inseguros respecto al futuro, sus expectativas son negativas e incluso pueden llegar a cambiar su actitud frente al matrimonio, la posibilidad de tener hijos y la actividad profesional.

Qué puedes hacer si tienes un trastorno de estrés postraumático.

  • Aprende todo lo que puedas sobre TEPT.

  • Cuéntale a otras personas lo sucedido. Busca a alguien que desee escucharte y te dé su apoyo.

  • Inicia una psicoterapia.

  • Practica técnicas de relajación o actividades que te resulten relajantes.

  • Practica actividades que te resulten agradables, realiza algún tipo de actividad artística, como pintura, escultura, escritura, etc.

  • Trata de evitar el alcohol y las drogas.

  • No te aísles de los demás.

  • Intenta, en la medida de lo posible no evitar ciertas situaciones o recuerdos. En vez de tratar de sacarlos de tu mente, trata de expresarlos de algún modo, por ejemplo a través del arte.

  • Haz ejercicio y haz una alimentación sana.

  • Realiza algún trabajo voluntario o de ayuda a los demás.

Agresión sexual a mujeres.

   La agresión sexual es el acontecimiento que más probabilidades tiene de dar lugar a un trastorno de estrés postraumático. La mayoría de las agresiones sexuales a mujeres son cometidas por maridos, parejas, amigos o citas (76%), mientras que los extraños son responsables del 18 % de las agresiones sexuales a mujeres. Muchas mujeres no cuentan lo sucedido porque es una experiencia muy personal, porque se culpan a sí mismas, por miedo a la reacción de los demás, porque piensan que no servirá de nada o porque no quieren hablar de ello ni recordarlo.

   La reacción puede se diversa. Algunas se recuperan con rapidez mientras que otras desarrollan un TEPT que puede durar años. Algunas responden inmediatamente, mientras que en otras los síntomas tardan un tiempo en aparecer.

Síntomas

Las consecuencias inmediatas, que afectan a la mayoría de las mujeres violadas son:

  • Síntomas emocionales: shock (sensación de irrealidad, como si eso no pudiera haber pasado), miedo intenso, llanto, rabia, vergüenza, impotencia.

  •  Síntomas psíquicos: confusión, desorientación, recuerdos no deseados, disminución de la concentración, culpa.

  • Síntomas físicos: lesiones, enfermedades de transmisión sexual, tensión muscular, fatiga, nerviosismo, trastornos del sueño, del apetito y del impulso sexual, problemas grastrointestinales, taquicardias, dolor.

   Las consecuencias a largo plazo pueden incluir enfermedades de transmisión sexual, desconfianza hacia los demás, rabia intensa, aislamiento y trastornos psicológicos como:

  • Trastorno de estrés postraumático.

  • Depresión: desesperanza, baja autoestima, falta de motivación o de propósito en la vida, disminución del placer en actividades de las que antes disfrutaba, cambios en el patrón de sueño y a petito, pensamientos o intentos de suicidio.

  • Abuso del alcohol y/o drogas.

  • Problemas sexuales. Se encuentran entre los síntomas más duraderos tras la agresión. Puede temer y evitar las relaciones sexuales y sentir una disminución del deseo e interés sexual.

Agresión sexual a hombres.

   Los agresores suelen ser extraños o figuras de autoridad en escuelas u otros centros. En su mayoría son hombres heterosexuales y suelen escoger como víctimas a chicos jóvenes o adolescentes, (con una media de edad de 17 años). Tienen más probabilidades de asaltar a muchas víctimas.

Síntomas

  • Trastornos emocionales: trastorno de estrés postraumático, depresión, ansiedad.

  • Abuso de sustancias.

  • Incontinencia intestinal (encopresis)

  • Conductas de riesgo, como actos delictivos, huir de casa, conductas sexuales de riesgo que los exponen a enfermedades de transmisión sexual.

  • Problemas de identidad, debido que la sociedad enseña a los chicos que ser una víctima no es propio de hombres.

  • Sentimientos de vergüenza y humillación

  • Si el agresor ha sido un hombre puede haber rechazo por parte de los demás y si ha sido una mujer, los demás no se toman el asalto en serio, y la víctima siente que sus sentimientos no son tomados en cuenta.

  • Los padres apenas saben nada de agresión sexual a hombres y pueden negar la experiencia o restarle importancia, lo cual dificulta la recuperación.

  • Muchos de estos hombre temen que la experiencia los transformen en homosexuales, lo cual es totalmente falso, ya que la agresión sexual no influye en la orientación sexual de las personas.

Abuso sexual en la infancia

   Según un estudio realizado en España, una de cada cuatro o cinco niñas y uno de cada seis y siete niños padecen o han padecido algún tipo de abuso sexual a lo largo de su infancia e inicio de adolescencia. En un estudio realizado en Estados Unidos con personas adultas, el 27 % de las mujeres y el 16 % de los hombres afirmaron haber sido objeto de abuso sexual en su infancia. De ellos, el 42 % de las mujeres y el 33% de los hombres nunca contaron a nadie lo sucedido.

   El 60% de las personas que cometen abusos sexuales con niños son amigos de la familia, cuidadores o vecinos; el 30% son padres, tíos o primos y el 10% son extraños. La mayoría son hombres. Las mujeres son las agresora en un 14 % de los casos de abusos a niños varones y un 6% de los casos de abusos a niñas.

Síntomas.

   Trastorno de estrés postraumático, conducta sexual o seductora impropia de su edad, sentimientos de vergüenza, culpa, inadecuación personal y miedo, dibujos en los que utilizan mucho el rojo o el negro sobre temas violentos, intentos de herirse a sí mismo o suicidarse, agresividad, crueldad hacia los demás, huir de casa, problemas en el colegio.

Consecuencias en la edad adulta del abuso sexual sufrido en la infancia

   Puede producirse un trastorno de estrés postraumático crónico, ansiedad, depresión y pensamientos de suicidio. Según los estudios realizados con mujeres, suelen tener problemas sexuales en un 47 % de los casos, siendo de hasta un 70 % en los casos en los que hubo penetración. Pueden presentar ansiedad sexual (con evitación de las relaciones sexuales) o bien promiscuidad sexual, en la cual se devalúa a sí misma y su sexualidad. Dicen sentirse menos satisfechas que el resto de las mujeres con sus relaciones sexuales. Pueden ver las relaciones sexuales como algo basado en la explotación y la coerción. A menudo tienen problemas en sus relaciones de pareja, menor insatisfacción, niveles más bajos de comunicación y de cercanía emocional con su pareja (aunque no tienen problemas para sentir esa cercanía emocional con sus amistades) y mayores rupturas en sus relaciones. Tienen más probabilidades de tener parejas intrusivas, controladoras, y emocionalmente distantes. Pueden tener también problemas de ansiedad, trastornos alimenticios, abuso de sustancias, conductas auto-destructivas, baja autoestima. En los casos de abuso muy graves y duraderos puede producirse un trastorno de personalidad límite o un trastorno de personalidad múltiple.

Tratamiento psicológico del TEPT

El tratamiento psicológico suele tener las siguientes características:

-Información sobre TEPT

-Tratamiento de emociones intensas como rabia, culpa, vergüenza, miedo, etc., de modo que aprendan a manejarlas y transformarlas adecuadamente.

-Exposición gradual en imaginación o por escrito a las situaciones temidas, comenzando por las más fáciles de afrontar. Enseñarles cómo afrontar los recuerdos postraumáticos, imágenes mentales, sentimientos y pensamientos negativos sin sentirse abrumado por ellos. Los recuerdos no desaparecerán pero se pueden volver manejables, de modo que no den lugar a emociones tan intensas y dolorosas, sino a emociones que, aunque sigan siendo negativas, sean más fáciles de soportar y menos intensas. Por ejemplo, sentir enfado o enojo al recordar ciertas cosas, pero no rabia o deseos de destruir o atacar.

-Tratar otros trastorno asociados, como depresión, abuso de alcohol o drogas, trastorno de pánico, fobia social, etc.

-Enseñarle a tener una percepción más realista del mundo y de las personas que le rodean, que no esté teñida por el trauma vivido.

-Tratar los problemas en sus relaciones, problemas de pareja o problemas sexuales.   

Abuso de sustancias

 Cómo Prevenir el Uso de Drogas en los Niños y los Adolescentes

¿Cuáles son los factores de riesgo y cuáles son los factores de protección?

Las investigaciones realizadas durante las últimas dos décadas han tratado de determinar cómo comienza y cómo progresa el abuso de las drogas. Hay muchos factores que pueden aumentar el riesgo de una persona para el abuso de drogas. Los factores de riesgo pueden aumentar las posibilidades de que una persona abuse de las drogas mientras que los factores de protección pueden disminuir este riesgo. Es importante notar, sin embargo, que la mayoría de las personas que tienen un riesgo para el abuso de las drogas no comienzan a usarlas ni se hacen adictos. Además, lo que constituye un factor de riesgo para una persona, puede no serlo para otra.

Los factores de riesgo y de protección pueden afectar a los niños durante diferentes etapas de sus vidas. En cada etapa, ocurren riesgos que se pueden cambiar a través de una intervención preventiva. Se pueden cambiar o prevenir los riesgos de los años preescolares, tales como una conducta agresiva, con intervenciones familiares, escolares, y comunitarias dirigidas a ayudar a que los niños desarrollen conductas positivas apropiadas. Si no son tratados, los comportamientos negativos pueden llevar a riesgos adicionales, tales como el fracaso académico y dificultades sociales, que aumentan el riesgo de los niños para el abuso de drogas en el futuro.

Los programas de prevención basados en la investigación se enfocan en una intervención temprana en el desarrollo del niño para fortalecer los factores de protección antes de que se desarrollen los problemas de conducta.

Los factores de riesgo pueden influenciar el abuso de drogas de varias maneras. Mientras más son los riesgos a los que está expuesto un niño, mayor es la probabilidad de que el niño abuse de las drogas. Algunos de los factores de riesgo pueden ser más poderosos que otros durante ciertas etapas del desarrollo, como la presión de los compañeros durante los años de la adolescencia; al igual que algunos factores de protección, como un fuerte vínculo entre padres e hijos, pueden tener un impacto mayor en reducir los riesgos durante los primeros años de la niñez. Una meta importante de la prevención es cambiar el balance entre los factores de riesgo y los de protección de manera que los factores de protección excedan a los de riesgo.

Regresar al tope

¿Cuáles son las señales tempranas de riesgo que pueden predecir el abuso de drogas en el futuro?

Algunas de las señales de riesgo se pueden ver tan temprano como en la infancia o en la niñez temprana, tal como la conducta agresiva, la falta de auto-control, o un temperamento difícil. Cuando el niño crece, las interacciones con la familia, la escuela y en la comunidad pueden afectar su riesgo para el abuso de drogas en el futuro.

Las primeras interacciones de los niños ocurren en la familia. A veces la situación familiar aumenta el riesgo del niño para el abuso de drogas en el futuro, por ejemplo cuando existe:

* la falta de cariño y respaldo por parte de los padres o de los cuidadores;
* una crianza ineficiente; y
* un cuidador que abusa de las drogas.

Pero las familias pueden proveer protección contra un futuro abuso de drogas cuando hay:

* un vínculo fuerte entre los hijos y los padres;
* participación de los padres en la vida del niño; y
* límites claros y una disciplina aplicada consistentemente.

Las interacciones fuera de la familia pueden involucrar riesgos tanto para los niños como para los adolescentes, tales como:

* un comportamiento negativo en la escuela o una conducta social deficiente;
* el fracaso académico; y
* la asociación con compañeros que abusan de las drogas.

La asociación con compañeros que abusan de las drogas a menudo es el riesgo más inmediato para que los adolescentes sean expuestos al abuso de drogas y al comportamiento delincuente.

Otros factores –como la disponibilidad de las drogas, los patrones del narcotráfico, y las creencias que el abuso de drogas se tolera en general– son riesgos que pueden influenciar a la gente joven a que comiencen a abusar de las drogas.

¿Cuáles son los períodos de mayor riesgo para el abuso de drogas en la juventud?

Las investigaciones han mostrado que los períodos claves de riesgo para el abuso de drogas son durante las transiciones mayores en la vida de los niños. La primera transición importante para un niño es cuando deja la seguridad de la familia y va a la escuela por primera vez. Después cuando pasa de la primaria a la escuela media, a menudo experimenta nuevas situaciones académicas y sociales, como aprender a llevarse con un grupo más grande de compañeros. Es en esta etapa–la adolescencia temprana–que hay más probabilidad de que los niños se enfrenten por primera vez a las drogas.

Cuando entran a la secundaria, los adolescentes confrontan más desafíos sociales, emocionales y académicos. Al mismo tiempo, pueden estar expuestos a más drogas, a abusadores de drogas, y a actividades sociales que involucran drogas. Estos desafíos pueden aumentar el riesgo de que abusen del alcohol, del tabaco, y de otras sustancias.

Cuando los adultos jóvenes dejan sus hogares para ir a la universidad o para trabajar y se encuentran solos por primera vez, su riesgo para el abuso de drogas y del alcohol es muy alto. Por lo tanto, también son necesarias las intervenciones para los adultos jóvenes.

Ya que los riesgos aparecen en cada período de transición de la vida, los planificadores de la prevención deben escoger programas que fortalecen los factores de protección en cada etapa del desarrollo.

¿Cómo y cuándo comienza y cómo progresa el abuso de drogas?

Estudios como la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud, anteriormente llamado la Encuesta Nacional por Hogares sobre el Abuso de Drogas, realizados por la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental, indican que algunos niños ya están abusando de las drogas a los 12 ó 13 años de edad, lo que probablemente significa que algunos comienzan a una edad aún más temprana. El abuso precoz a menudo incluye sustancias tales como el tabaco, el alcohol, los inhalantes, la marihuana, y los medicamentos de prescripción, como las pastillas para dormir y los medicamentos para la ansiedad. Si el abuso de drogas persiste más tarde en la adolescencia, los abusadores típicamente se involucran más con la marihuana y después avanzan a otras drogas, mientras que continúan abusando del tabaco y del alcohol. Los estudios también han demostrado que el abuso de drogas en los últimos años de la niñez y principios de la adolescencia está asociado con un mayor envolvimiento con las drogas. Es importante tomar en cuenta que la mayoría de los jóvenes, sin embargo, no progresan al abuso de otras drogas.

Los científicos han propuesto varias explicaciones de por qué algunas personas se involucran con las drogas y después progresan a abusarlas. Una explicación señala a una causa biológica, como el tener una historia familiar de abuso de drogas o de alcohol. Otra explicación es que el abuso de las drogas puede llevar a asociarse con compañeros que abusan de las drogas, lo que a su vez, expone a la persona a otras drogas.

Los investigadores han encontrado que los jóvenes que aumentan rápidamente su abuso de sustancias tienen niveles altos de factores de riesgo y niveles bajos de factores de protección.32 El sexo, la raza y la ubicación geográfica también pueden desempeñar un papel en cómo y cuando los niños comienzan a abusar de las drogas.

Las intervenciones preventivas pueden proporcionar las habilidades y el apoyo para mejorar los niveles de los factores de protección de los jóvenes en alto riesgo y prevenir que progresen al abuso de drogas.

CAJA DE ACCIÓN COMUNITARIA

  • Los padres pueden usar la información sobre los factores de riesgo y de protección como ayuda para desarrollar acciones preventivas positivas (Ej., conversar sobre las reglas de la familia) antes de que ocurran problemas.
  •       Los educadores pueden fortalecer el aprendizaje y los lazos con la escuela vigilando las conductas agresivas y la falta de concentración, riesgos asociados con el abuso futuro de drogas y problemas relacionados.
  •       Los líderes de la comunidad pueden evaluar los factores de riesgo y de protección asociados con los problemas de drogas en la comunidad para seleccionar los mejores servicios preventivos.

Violencia, delincuencia

Violencia, delincuencia juvenil y pandillas

Marcelo Colussi

 

 

El paso de la niñez a la adultez, en ninguna cultura y en ningún momento histórico, es tarea fácil. Es, definitivamente, un pasaje duro que necesita de un cierto esfuerzo. Pero en sí mismo, ese momento al que llamamos adolescencia no se liga por fuerza a la violencia. ¿Por qué habría de ligarse? La violencia es una posibilidad de la especie humana, en cualquier cultura, en cualquier posición social, en cualquier edad. No es, en absoluto, patrimonio de los jóvenes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la violencia es un creciente problema de salud pública a nivel planetario que asume formas de lo más variadas. De acuerdo a los datos de esa organización, cada año más de dos millones de personas mueren violentamente y muchas más quedan incapacitadas para el resto de sus vidas. La violencia interpersonal es la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 44 años, el suicidio es la cuarta, la guerra la sexta y los accidentes automovilísticos la novena. Por el número de víctimas y las secuelas que produce, la violencia ha adquirido un carácter endémico y además se ha convertido en un serio problema de salud en numerosos países, dice la OMS. Además de heridas y muerte, la violencia trae consigo un sinnúmero de problemas sanitarios conexos: profundos disturbios de la salud psicológica, enfermedades sexualmente transmisibles, embarazos no deseados, problemas de comportamiento como desórdenes del sueño o del apetito, presiones insoportables sobre los servicios de emergencias hospitalarias de los sistemas de salud. Ampliando la mira, podríamos decir que es un problema no sólo de salud: es multifacético (educativo-cultural, político, social). Produce disfunciones sociales, crea modelos de relacionamiento insostenibles, atrae otras desgracias humanas. La violencia produce más violencia, y ese círculo vicioso aleja de la convivencia armónica.

En ese marco se inscribe la violencia juvenil, fenómeno que se expande en todo el mundo con cifras alarmantes. El aumento de la drogadicción y de la delincuencia asociado a las pandillas juveniles son síntomas que muestran la magnitud y profundidad de un problema de adaptación e inserción de los jóvenes en el mundo de los adultos. Los indicadores de violencia juvenil, además, se van expandiendo peligrosamente también al mundo infantil, al punto de convertirse hoy en una de las principales causas de muerte de la población entre los 5 y 14 años de edad.

La violencia no es nueva en la historia de los seres humanos, ni tampoco la dificultad de atravesar el período de la adolescencia. De todos modos, lo que resalta como altamente preocupante es la ecuación que se va estableciendo –cada vez con fuerza más creciente– entre juventud y violencia. Crece el desprecio por la vida, y las nuevas generaciones absorben cada vez más violencia. ¿Por qué? ¿Qué hacer?

El problema es harto complejo, siendo imposible entenderlo –y menos aún aportarle alternativas de solución– a partir de un prejuicio criminalizador donde los jóvenes son los culpables. En todo caso debemos partir de la premisa que crece la violencia, y los jóvenes lo expresan de un modo más trágico, más explosivo que otros sectores.

La sociedad capitalista moderna, hoy expandida globalmente, ha representado enormes avances en la historia humana. Los progresos técnicos de estos últimos siglos son fenomenales y contamos hoy con una potencialidad para resolver problemas que no se había dado en millones de años de evolución. También crece el avance social; hoy día existen legislaciones racionales que favorecen como nunca las relaciones humanas: ya no dependemos de los caprichos del emperador de turno, existen sistemas de previsión y seguros, hemos avanzado en el campo de los derechos humanos. Pero el malestar y la violencia continúan.

Si bien existen cada vez más comodidades materiales, asistimos también a un creciente vacío de valores solidarios, de desprecio de la vida (si no, no serían causa de muerte tantos hechos violentos como se mencionaba más arriba, a lo que habría que sumar el crecimiento imparable del consumo de drogas y de armas). En las complejísimas sociedades urbanas de hoy, moldeadas cada vez más por los medios masivos de comunicación –que ya avanzaron en la escala y no son más el “cuarto poder”–, crecientes cantidades de jóvenes se enfrentan a un malestar difuso, ausencia de perspectivas, a un inmediatismo hedonista. Sin caer en visiones apocalípticas ni en moralismos ramplones, y sin generalizar, vemos que una parte significativa de la juventud –no toda, por supuesto, pero el fenómeno aumenta– se encuentra a gusto en formas violentas de relacionamiento.

Hay un estereotipo prejuicioso que liga jóvenes con infractores. Obviamente eso es prejuicio, puro y descarado prejuicio. Pero lo que efectivamente sí sucede es que cantidades cada vez más numerosas de adolescentes encuentran normal la violencia. En ese horizonte no es tan quimérico ver la delincuencia –y si se quiere: la integración de pandillas juveniles– como una consecuencia posible, como una tentación incluso, siempre a la mano.

Las pandillas son algo muy típico de la adolescencia: son los grupos de semejantes que le brindan identidad y autoafirmación a los seres humanos en un momento en que se están definiendo las identidades. Siempre han existido; son, en definitiva, un mecanismo necesario en la construcción psicológica de la adultez. Quizá el término hoy por hoy goza de mala fama; casi invariablemente se lo asocia a banda delictiva. De grupo juvenil a pandilla delincuencial hay una gran diferencia. Pero no hay ninguna duda –ahí están los datos hablando por sí solos– que las pandillas crecen.

El fenómeno se da más en los estratos sociales pobres, pero también puede verse en capas acomodadas. En su génesis se encuentra una sumatoria de elementos: necesidad de pertenencia a un grupo de sostén, dificultad/fracaso en su acceso a los códigos del mundo adulto; la pobreza sin dudas, sin que sea eso lo determinante. Pero en muy buena medida –quizá lo definitorio– se encuentra como causa la falta de proyecto vital; y por supuesto eso es más fácil encontrarlo en los sectores pobres. Jóvenes que no encuentran su inserción en el mundo adulto, que no ven perspectivas, que se sienten sin posibilidades a largo plazo, pueden entrar muy fácilmente en la lógica de la violencia pandilleril. Una vez establecidos en ella, por distintos motivos, se va tornando cada vez más difícil salir. La sub-cultura atrae (cualquiera que sea, y con más razón aún durante la adolescencia cuando se está en la búsqueda de definir identidades).

Constituidas las pandillas juveniles –que son justamente eso: poderosas sub-culturas– es difícil trabajar en su modificación; la “mano dura” policial no sirve. Por eso, con una visión amplia de la problemática juvenil, o humana en su conjunto, es inconducente plantearse acciones represivas contra esos grupos. De lo que se trata, por el contrario, es ver cómo integrar cada vez más a los jóvenes en un mundo que no le facilita las cosas. Es decir: crear un mundo para todos y todas.

La violencia es algo siempre posible en la dinámica humana; en los jóvenes –por su misma situación vital– ello se potencia. Las sociedades capitalistas modernas, las urbanas en especial, con su invitación/exigencia al consumo disparatado (¿para qué hay que consumir tanto?), son una bomba de tiempo respecto a la violencia si no democratizan las posibilidades reales para todos sus miembros. La violencia estructural del sistema genera violencia interhumana igualmente loca, sin sentido. Si, como dice Eduardo Galeano, “la televisión te hace agua la boca y la policía te corre a bastonazos”; es decir: si los modelos de desarrollo social crean esta locamente injusta realidad que es el mundo que vivimos, entonces uno de los síntomas posibles de esa exclusión fundante es la violencia por la violencia misma tan fácilmente constatable en esos peculiares clubes que son las pandillas juveniles.

Un rubio “cabeza rapada” con su ropa negra, cadenas y estandartes nazis en Europa, o un tatuado consumiendo crack en cualquier ciudad estadounidense o latinoamericana –negro, rubio o latino, es lo mismo– hablan de la inviabilidad de los modelos de desarrollo que el capitalismo ha forjado. ¿Por qué hay que demostrar la valentía en peleas callejeras? ¿Por qué hay que consumir cada vez más drogas y más fuertes? ¿Por qué se llega a un tal alto desprecio por la vida? (“La naranja mecánica” de Kubrick hace más de 30 años adelantaba lo que hoy puede verse cada vez más comúnmente en Los Angeles, Medellín o Managua).

Dato curioso: en las experiencias socialistas –quizá, hay que reconocerlo, muchas de ellas monstruos para olvidar y no repetir nunca jamás– no se da el fenómeno. ¿Son más felices ahí los jóvenes? No necesariamente; pero dentro de la humildad de medios hay más posibilidades. Lo que queda claro es que cuanta más exclusión se genera –violencia, sin dudas– más violentos son los síntomas del retorno de lo reprimido.

Agresión

Cuando observamos la conducta agresiva y violenta de tantas personas, son muchas las preguntas que se nos plantean. ¿Por qué actuamos así? ¿En qué condiciones? ¿Influye la violencia en televisión? ¿Qué factores promueven la agresión? En este artículo se intenta responder a estas  y otras preguntas.

En 1986, la revista Psychology today realizó la siguiente pregunta: si pudiera apretar un botón en secreto y eliminar a cualquier persona sin ninguna repercusión para usted, ¿lo haría? El 69 % de los hombres y el 56% de las mujeres respondieron que sí. La mayoría de las mujeres habría eliminado a jefes, ex maridos o ex novios y a anteriores parejas de sus actuales compañeros. La mayoría de los hombres preferiría eliminar al presidente o a alguna figura pública.

Una encuesta realizada en Estados Unidos durante los años ochenta mostró que el 15% de los estudiantes universitarios encuestados harían desaparecer la Unión Soviética si estuvieran seguros de que no habría represalias. Una acción como esta supondría la muerte de unos cien millones de personas.

La agresión se define como el comportamiento que intenta hacer daño u ofender a alguien, ya sea mediante insultos o comentarios hirientes o bien físicamente, a través de golpes, violaciones, lesiones, etc. La palabra clave para definir la agresión es, por tanto, la intención de dañar y es además la que la diferencia de otros tipos de violencia, en la que el motivo puede ser, por ejemplo, la autoafirmación u obtener supremacía y que se define como la coerción física o psíquica ejercida sobre una persona para obligarla a hacer un determinado acto en contra de su voluntad.

Tipos de agresión

A veces el daño se infringe sin ningún otro motivo más que el de causar tal daño, como golpear a una persona arrastrados por la ira tras un insulto. En este caso recibe el nombre de agresión emocional u hostil. En cambio, cuando el daño se produce para obtener algo a cambio (impedir el ascenso de un competidor en el trabajo mediante difamaciones y calumnias; obtener dinero) recibe el nombre de agresión instrumental.

Agresión pasiva.

No hacer nada en absoluto podría considerarse también un tercer tipo de agresión, denominada agresión pasiva, cuando lo que se pretende es perjudicar a alguien. Por ejemplo, no avisarle de que se acerca por su espalda un coche que podría atropellarle. En estos casos la hostilidad se manifiesta de forma indirecta y no violenta. Es más frecuente en el trabajo, aunque también se da en otras situaciones sociales y en las relaciones de pareja. Un ejemplo sería “olvidarse” voluntariamente de hacer algo. Así, cuando un compañero de trabajo con muchas prisas nos pide que entreguemos por ellos un informe, nos “olvidamos” de hacerlo, lo que le supone una buena bronca del jefe (que es lo que en realidad pretendíamos). Quienes utilizan a menudo este tipo de agresión pasiva suelen ser personas con resentimiento hacia figuras de autoridad y con problemas para su reafirmación personal. No son capaces de afrontar un problema cara a cara y de forma directa, de modo que recurren a formas indirectas de tratar con la ansiedad y la frustración que sienten.

El origen de la agresión.

     Algunos científicos, como K Lorenz (1966), proponían una hipótesis que sostenía que la evolución ha propiciado que sobrevivan los más crueles y agresivos. Esto contrasta con la idea, sostenida por la psicología moderna, de que el altruismo puede ser también parte de nuestra herencia filogenética, ya que la conducta altruista favorece la supervivencia del individuo y la especie al ayudarse unos a otros. Las conductas altruistas se han observado también en otras especies:  en un experimento realizado con monos que habían aprendido que sólo recibirían comida si tiraban de una cadena, se vio que cuando al tirar de dicha cadena observaban cómo otro mono de su misma especie recibía una descarga eléctrica, el 87% prefirió pasar hambre antes que herir a un compañero. Aquí habría que señalar que en un experimento parecido realizado con personas (en este caso las descargas eran fingidas) en el que un experimentador ordenaba a un sujeto aplicar descargas a un compañero como castigo, el 40% de los sujetos obedece. Por supuesto, ambas situaciones no son idénticas y tal vez no puedan establecerse comparaciones, ya que los factores psicológicos que intervienen pueden ser diferentes.

    La sociedad ejerce también una gran influencia modelando estos comportamientos de forma diferente según las diversas culturas (en occidente, por ejemplo, la mayoría de las personas prefiere devolver el golpe, mientras que en China prefieren retirarse). Así mismo, cada individuo tiene la capacidad de ejercer control incluso sobre las conductas o motivaciones con un mayor condicionamiento biológico, como puede ser el hambre (en el caso de las dietas) o el sueño, cuando decidimos pasar la noche entera despiertos.

¿Qué desencadena la agresión?

    Las diferencias interindividuales e intergrupales a la hora de manifestar o no un comportamiento agresivo, hace resaltar un aspecto importante en el estudio de la agresión: está en función de cómo las personas perciben e interpretan algún suceso o situación. Si se percibe un empujón como intencionado y hostil, hay más probabilidades de reaccionar de forma agresiva.

    En el caso de la agresión instrumental, ésta es más probable cuando se percibe como rentable que cuando la vemos como potencialmente peligrosa para nosotros. Hay varios factores que pueden llevar a un aumento de las conductas agresivas. Uno de ellos consiste en pensar que la agresión es fácil o haberla utilizado con éxito en el pasado. Observar modelos agresivos que nos muestran cuándo y cómo la agresión puede tener éxito enseñan patrones de conducta agresivos que la gente puede imitar incluso si han sido castigados en los modelos, ya que una vez aprendido el comportamiento puede utilizarse en una ocasión en la que se piense que el castigo u otras consecuencias negativas son menos probables.

    También existen diferencias entre sexos, siendo los hombres más agresivos que las mujeres. La agresión parece más fácil y menos arriesgada para los hombres y suelen verla como menos peligrosa. Las diferencias en la educación así como características biológicas pueden estar influyendo también en estas diferencias entre sexos.

En la agresión emocional las recompensas y los costos suelen importar poco y la ira que se siente al percibir una provocación puede ser el desencadenante de la violencia. Como se ha dicho, la percepción de los acontecimientos es importante y a veces la agresión se produce sin que los demás sean capaces de reconocer el motivo debido a que sus interpretaciones de la situación pueden ser diferentes y no suponer para ellos un motivo de rabia. Aunque las primeras teorías sostenían que era la frustración (definida como el bloqueo en la consecución de un objetivo importante) la principal causa de la agresión, se ha visto que casi cualquier sentimiento negativo puede producir agresión. Entre estos sentimientos se encuentran, además de la frustración , la ira, el dolor, el miedo y la irritación. Las situaciones que pueden llevar a experimentar estos sentimientos son amplias y entre ellas se encuentran el calor o el frío excesivos, el hacinamiento, el ruido elevado y hasta olores desagradables.

    La agresión no siempre se dirige, necesariamente, hacia la persona que nos ha provocado. A veces se desplaza de su verdadero blanco a otro que se considera más seguro, como cuando la rabia dirigida hacia un jefe que podría despedirnos se expresa dándole una patada al perro al llegar a casa. Esto produce cierto alivio de los sentimientos negativos, aunque el verdadero motivo puede no reconocerse conscientemente debido a que algunas personas no suelen detenerse a preguntarse el porqué de determinados sentimientos que están experimentando y no saben de dónde vienen realmente. En otras ocasiones, cuando el motivo de nuestra irritación es, por ejemplo, una ola de calor, puede ser difícil darse cuenta de esto, de forma que cuando alguien nos provoca o insulta, la alteración preexistente se suma con la ira sentida por la provocación y aumenta la posibilidad de agresión. Es decir, una ola de calor no nos vuelve agresivos, sino que puede hacer más intensos los sentimientos negativos que experimentemos por otros motivos.

    Por otra parte, si tras provocar a una persona se la convence de que su alteración se debe a los efectos de una droga que acaba de consumir, por ejemplo, la agresión se reduce. Esto demuestra la importancia de nuestras interpretaciones, tanto de la situación como de nuestros propios sentimientos, a la hora de actuar de una u otra forma. Si nos convencen (o nos convencemos) de que algo en realidad no nos ha molestado y encontramos otra causa a la que achacar el malestar que sentimos y que sea incompatible con la agresión (como la influencia de una droga en el ejemplo anterior), este malestar se desvanece.

Factores que promueven o disminuyen la agresión.

    Los padres agresivos tienen hijos agresivos, mostrando a sus hijos las formas de agredir y enseñando mediante su conducta que ésa es la forma apropiada de resolver conflictos. Se ha visto con frecuencia que los padres de niños que acabaron convirtiéndose en delincuentes no estimularon su buen comportamiento y fueron rudos o inestables o ambas cosas a la hora de castigarlos.

    Las imágenes violentas en televisión puede aumentar la conducta agresiva de los espectadores. Un estudio realizado durante 22 años con un grupo de sujetos demostró que cuanta más violencia habían observado en televisión a la edad de ocho años, mayor era la probabilidad de haber sido condenados por crímenes violentos a la edad de treinta años. Los niños que ven violencia por televisión se comportan con más agresividad y pueden acabar viendo la violencia como un comportamiento aceptable.

    Ser testigo de la violencia conduce también a la habituación y a la indiferencia ante este tipo de actos, que pueden llegar a verse como normales. Un estudio realizado en 1987 mostró cómo las personas que ven con frecuencia películas de puñetazos apenas se inmutan ante la violencia hacia la mujer.

    La enseñanza de actitudes y comportamientos altruistas, incompatibles con la agresión, hacen que esta disminuya, por lo que la educación juega un papel muy importante. Los niños que aprenden a respetar y a ser afectuosos con los animales son menos agresivos, así como aquellos que han aprendido a ponerse en el punto de vista de otros y conocer sus sentimientos.

    La forma cómo vemos a los demás es importante. Si se percibe a una persona o grupo como subhumano, como alguien que apenas merece ser considerado una persona o como un simple objeto al que no se aplican las normas de moralidad, resulta mucho más fácil agredirle. Las imágenes de violencia contra las mujeres (de tipo sexual o no) las deshumaniza y aumenta la probabilidad de que se conviertan en víctimas.

    La semejanza y la pertenencia al mismo grupo puede disminuir la agresión. Hay más probabilidades de agredir a las personas diferentes, con quienes no nos sentimos identificados. Promover la igualdad ayuda a disminuir la violencia.

    Las actitudes machistas aumentan la violencia contra la mujer, existiendo en estos casos mayor probabilidad de malos tratos, acoso sexual y violación.

Cuando las personas se ven a sí mismas como integrantes de un grupo más que como individuos, tienen más probabilidades de sentirse arrastrados por el grupo y llegar a cometer atrocidades que nunca cometerían en otra circunstancia. Es lo que se denomina proceso de desindividualización, en el que las personas dejan de lado su identidad personal y sus propios valores para convertirse en algo parecido a autómatas que sólo siguen las normas del grupo. De ahí que sea importante saber mantener la propia identidad sin llegar a fundirse por completo con la identidad del grupo.

    El propio hogar se percibe a veces como un lugar que nos pertenece y donde nosotros creamos las normas, al margen de la sociedad. Esto puede hacer que esas normas sean diferentes de las existentes en el exterior, variando enormemente el comportamiento de una persona dentro y fuera de casa. agresividad, salud, terapia

    La permisividad social respecto al castigo físico a los hijos, la tendencia a no inmiscuirse en los asuntos familiares de los demás aunque se den comportamientos violentos y el hecho de percibir a los hijos como algo que nos pertenece puede aumentar la violencia hacia los niños.

    Las armas evocan pensamientos violentos y estos pensamientos hacen más posible la conducta violenta. Lo mismo sucede con cualquier otro objeto asociado a la agresión, como un puño cerrado.

    La agresión es, desgraciadamente, un comportamiento bastante extendido y del cual somos testigos a diario, en cualquiera de sus formas.

   Tal vez el motivo principal es que funciona. El niño que golpea más fuerte es el que consigue el mejor juguete; los padres que pegan a sus hijos obtienen resultados; el hombre que se muestra agresivo puede conseguir el elogio de cierto tipo de hombres; el mal humor y los comentarios hirientes pueden servirnos para librarnos de hacer algo que no nos gusta. La agresión, física o verbal, directa o indirecta, es una forma asequible, rápida y, en ocasiones, fácil de conseguir lo que queremos sin tener que molestarnos en pensar demasiado. Sin embargo, también tiene su precio: va siempre acompañada de sentimientos negativos, como hostilidad o ira que, además de hacernos sentir mal, aumentan el riesgo de problemas graves de salud, como enfermedades coronarias. Puede ir seguida de sentimientos de culpa, llevarnos a ser rechazados por otras personas e incluso apartados del grupo (este rechazo puede dar lugar en los niños a problemas de aprendizaje). La repetición de actos agresivos da lugar a personalidades agresivas y la violencia continua vuelve a las personas insensibles hacia ella. Matar por segunda vez es siempre más fácil.

 

 

Embarazo

Cuidados antes y después del embarazo

Cuando una mujer planea quedarse embarazada empieza a buscar información fiable sobre cuidados y precauciones para evitar que durante la gestación se produzca algún problema. Uno de los primeros puntos a considerar es el peso ideal de la futura madre. Si bien es cierto que tener un par de kilos de más puede ser beneficioso para conseguir el embarazo, tener sobrepeso u obesidad puede dificultar en gran medida las condiciones de madre e hijo en el caso de conseguir quedarse embarazada.

Antes de intentar el embarazo es importante una visita al ginecólogo o médico de familia, porque puede hacer algunas preguntas para comprobar si hay antecedentes de enfermedades genéticas familiares o de otro tipo, y resolverá las dudas que los futuros padres puedan tener antes de embarcarse en la mayor aventura de sus vidas. Dependiendo del caso específico de cada mujer, a veces se recomienda empezar a tomar algún complejo vitamínico en este momento. La vitamina más importante es el Ácido Fólico o vitamina B9, que favorece el desarrollo del tubo neural del feto que se produce en las primeras semanas de la gestación. También es conveniente el aporte de hierro en cantidades superiores a las normales durante todo el embarazo, pues el feto tomará de la madre este mineral para llenar sus reservas, porque en la leche materna no es demasiado abundante. Sin embargo, cualquier medicamento o sustancia medicamentosa (sobre todo los adquiridos en centros no especializados o herbolarios), aporte nutritivo o complemento alimenticio que la futura madre vaya a consumir, debe contar con la aprobación del médico que monitorice el embarazo, pues lo adecuado para algunas no está indicado para otras.

También es aconsejable conocer cómo se va a desarrollar previsiblemente la gestación, porque aunque cada mujer es diferente, todas las embarazadas pasan por las mismas etapas, y a veces el miedo a lo desconocido es peor que la realidad. En principio no es necesario cambiar de hábitos, a menos que éstos conlleven ejercicio físico intenso, posibilidad de recibir golpes en el abdomen o trabajo duro. La alimentación deberá ser equilibrada, con abundancia de frutas y verduras, mejor consumidas crudas, pero asegurándonos de lavar los vegetales en agua con unas gotas de lejía, para evitar consumir huevos de parásitos que pueden afectar a madre e hijo.

Durante todo el embarazo la piel de la madre está más sensible de lo habitual, por lo que se deberán evitar las exposiciones prolongadas al sol sin protección, el uso de perfumes con alcohol, desodorantes fuertes, cremas agresivas, etc. Si aparecen manchas en la cara, que son alteraciones consistentes en un aumento de la melanina en las capas epidérmicas y que se conocen como máscara de embarazada o cloasma uterino, en ningún caso se debe aplicar ningún producto despigmentante, pues puede afectar al feto. Estas manchas suelen aparecer durante el segundo mes de embarazo y se van oscureciendo con el tiempo. Tampoco se deben utilizar medicamentos ni preparados con corticoides sin prescripción médica. La piel que recubre los senos y el abdomen debe hidratarse intensamente cada día con cremas antiestrías específicas para el embarazo que pueden encontrarse en farmacias y parafarmacias. A pesar de que muchas mujeres encuentran tedioso aplicar cremas tras la higiene diaria, es muy conveniente, pues el estiramiento que sufre la piel de estas zonas puede hacer perder elasticidad a la dermis, con lo que tras el parto pueden quedar “colgajos” antiestéticos por no haber prevenido durante la gestación.

mama-espera-un-hermanito.jpgOtro cuidado que se aconseja a las mujeres gestantes es acudir al dentista con cierta frecuencia, al menos al primer síntoma de dolor o inestabilidad de piezas dentarias, pues a muchas embarazadas les aumenta la frecuencia de aparición de caries o se les cae alguna muela. La higiene dental debe ser adecuada y sistemática. Un cepillado de dos minutos de duración como mínimo tras cada comida principal y siempre antes de dormir nos ayudarán a minimizar los problemas que puedan llegar, y facilitarán la solución al detectarse prematuramente. La pasta de dientes que utilices de manera habitual será la adecuada para cuidarte durante el embarazo, pero si normalmente usas una con clorhexidina o algún desinfectante especial, es mejor consultar al odontólogo cuando pase revista a tu dentadura.

Debido al aumento de la volemia (el volumen de sangre que circula por el cuerpo), los vasos sanguíneos pierden elasticidad y recuperan peor el líquido extravasado (que ha salido) de los mismos, y es muy habitual que la gestante sienta las piernas pesadas e hinchadas debido a la mala circulación. El problema se agrava según crece el feto, porque la cantidad de líquido es mayor. De hecho, el corazón debe agrandarse para conseguir bombear tanta sangre a todo el cuerpo. El uso de medias de compresión variable suele ser efectivo para muchas mujeres, pero otras no aguantan la presión que ejerce el tejido; utilizarlas o no depende de cada mujer y del consejo del médico que la trate. Si aparecen varices, no hay remedio posible: quedarán para siempre a no ser que tras el embarazo se eliminen con cirugía o láser. Tan sólo podemos reducir los síntomas con las siguientes recomendaciones: el ejercicio físico moderado incluso en la última etapa de la gestación, como caminar durante treinta minutos a una hora al día, puede ayudar a combatir la mala circulación; evitar el calor localizado en las piernas y el abdomen también es efectivo, junto a duchas de agua fresca en las piernas; realizar un masaje cada noche que empezará por los tobillos y terminará en los muslos es muy relajante y aconsejable. Los movimientos de las manos deben ser rotativos y se debe ejercer una presión moderada. Con estas acciones conseguiremos mejorar la forma en la que la sangre vuelve al corazón, y evitaremos algunas de las molestias asociadas al aumento de volemia. En cualquier caso, ante dolores intensos, varices que se rompen o aumentan de tamaño bruscamente, golpes que producen moretones, o aumento de la tensión arterial, hay que acudir a un centro médico. Sin embargo no suele ser habitual este tipo de problemas, y el embarazo es un de las mejores épocas de la vida de una mujer, tan sólo tienes que preguntar a las madres que te rodean.

Manejo de estrés y autoeficacia

Manejo del estrés


Se define el estrés como una sensación de tensión tanto física como emocional, que puede ocurrir en situaciones específicas difíciles o inmanejables, por lo tanto las personas perciben diferentes situaciones como estresantes.

El estrés físico se refiere a la reacción fisiológica del cuerpo a diferente elementos desencadenantes, como el dolor que se siente después de una cirugía. Este tipo de estrés a menudo lleva al estrés emocional y, a su vez, el estrés emocional se experimenta frecuentemente como un malestar físico (ejemplo, cólicos estomacales).

El manejo del estrés se refiere al esfuerzo por controlar y reducir la tensión que surge cuando la situación es considerada difícil o inmanejable. (Ver también Estrés en la infancia).
Información

El manejo del estrés requiere de cierto esfuerzo por parte de la persona para hacer cambios emocionales y físicos. El grado de estrés y el deseo de cambiar determinan el nivel de cambio que ha de realizarse.

EVALUACIÓN DE LA EXISTENCIA DEL ESTRÉS

Actitud: la actitud de un individuo puede influir en que una situación o una emoción, sea estresante o no. Una persona con una actitud negativa suele percibir muchas situaciones como estresantes pues es un tipo de persona que con frecuencia responde con más estrés de lo que lo haría una persona con una actitud positiva.

Bienestar físico: si el estado nutricional de una persona es deficiente, el cuerpo está estresado y la persona no es capaz de responder ante una situación estresante, lo que la hace más propensa a infecciones. Un mal estado nutricional puede estar relacionado con elección de alimentos poco saludables, consumo alimenticio inadecuado y horario de comidas errático. Un patrón alimentario con un desequilibrio nutricional puede traer como consecuencia un consumo inadecuado de nutrientes.

Esta forma de estrés físico también disminuye la capacidad para enfrentar situaciones que se perciben como difíciles o inmanejables (estrés emocional), ya que la desnutrición afecta la forma como el cerebro procesa la información.

La actividad física: la actividad física inadecuada puede provocar un estado estresante para el organismo. La actividad física tiene muchos beneficios fisiológicos y un programa de actividades físicas consistente puede contribuir a disminuir la depresión, si la hay, además de mejorar la sensación de bienestar.

Los sistemas de apoyo: la mayoría de las personas necesitan de alguien en sus vidas en quien confiar en un momento difícil. Una cantidad mínima o la ausencia total de sistemas de apoyo hace que las situaciones estresantes sean más difíciles de manejar.

La relajación: cuando una persona carece de intereses externos, pasatiempos o de un medio de relajación, es posible que no tenga capacidad para manejar una situación estresante porque no tiene una manera de liberar el estrés.

UN PROGRAMA INDIVIDUAL PARA EL MANEJO DEL ESTRÉS:

* Pensar positivamente
* Reenfocar lo negativo en positivo
* Planificar diversiones y tomarse un descanso
* Hacer un esfuerzo por eliminar los pensamientos negativos

Actividad física:

* Comenzar un programa individualizado de actividad física. La mayoría de los expertos recomiendan hacer 20 minutos de ejercicios aeróbicos 3 veces por semana.
* Decidir un momento específico y el tipo, frecuencia y nivel de actividad física. Se debe planear este momento para que encaje dentro del horario y pueda ser parte de la rutina diaria.
* Buscar un compañero con quien practicar los ejercicios, ya que es más divertido y motiva a la persona a no abandonar la rutina de ejercicios.
* No necesariamente se debe ir a un gimnasio: 20 minutos de caminata vigorosa en campo abierto serán suficientes.

Nutrición:

* Escoger alimentos que mejoren la salud y bienestar. Por ejemplo, se debe incrementar la cantidad de frutas y vegetales.
* Usar la guía de grupos básicos de alimentos para ayudar a seleccionar alimentos saludables
* Comer cantidades apropiadas de alimentos dentro de un horario razonable

Apoyo social:

* Hacer un esfuerzo por interactuar socialmente con las personas, ya que aunque la persona se sienta estresada, será divertido salir y encontrar amigos, así sea sólo para liberar la mente de preocupaciones.
* Acercarse a otras personas.
* Cuidarse a sí mismo y a los demás.

Relajación:

* Usar técnicas de relajación. Existen muchas técnicas de relajación (imágenes guiadas, escuchar música, etc.); aprender sobre las diferentes técnicas, probarlas y elegir una o dos que funcionen para cada persona.
* Tomarse tiempo para los intereses y pasatiempos personales.
* Escuchar al propio cuerpo.
* Tomar un pequeño retiro

RECURSOS:

Si el manejo del estrés no funciona a nivel personal, hay profesionales como los licenciados en trabajo social, psiquiatras y psicólogos que pueden ayudar. Un programa de sesiones con estos profesionales puede ayudar a aprender las estrategias para el manejo del estrés, que incluyen técnicas de relajación. Hay distintos tipos de grupos de apoyo disponibles en la comunidad.

Venciendo la baja autoeficacia

La autoeficacia es la “opinión afectiva” que se tiene sobre la posibilidad de alcanzar determinados resultados, es decir, la confianza de alcanzar las metas exitosamente. Las causas más comunes para que la autoeficacia baje son: ver las cosas como incontrolables, creer que la propia conducta está regulada más por factores externos que por uno mismo y utilizar un estilo atrubucional donde siempre se es responsable de lo malo y nunca de lo bueno. Y a esto se le puede agregar una cuarta causa ambiental: una historia de fracasos…

Con el tiempo se genera un autoesquema de desconfianza e inseguridad, por el cual se comienza a anticipar que el éxito es imposible y a evitar las situaciones de reto, así la persona hará de la evitación un estilo de vida. Las siguientes estrategias te permitirán pelear contra la baja autoeficacia o conservarla en un punto adecuado.

1. Elimina el “No soy capaz” - Elimina de tu repertorio verbal esta frase, cada vez que te la repites confirmas tu inseguridad y las consecuencias psicológicas son tan contraproducentes como cuando te lo dicen otras personas. Ya es hora de que empiece: si me lo propongo “soy capaz”.

2. No seas pesimista - Las personas con baja autoeficacia anticipan el futuro negativamente, las profecías negativas suelen convertirse en realidad, porque nosotros mismos nos encargamos de que se cumplan.

3. No seas fatalista - Eres el arquitecto de tu futuro, construyes tu destino. Por lo tanto tienes el poder de modificar muchas cosas. El pasado ya pasó y si cambias en el aquí y en el ahora, estarás contribuyendo de manera significativa a tu destino.

4. Trata de ser realista - Sé objetivo con tus éxitos y tus fracasos. Responsabilízate con lo que realmente has tenido que ver. Acepta tus éxitos; sería injusto desconocer tus logros. Pero también acepta tu cuota de responsabilidad en los fracasos.

5. No recuerdes lo malo - La visión negativa de uno mismo se alimenta principalmente de los recuerdos. Durante algunos momentos al día intenta activar tu memoria positiva. Escribe y anota los éxitos pasados. Trata de mantenerlos activos y presentes. Aprende a revivir el pasado en sus aspectos agradables y disfrutar del recuerdo positivo.

6. Revisa tus metas - Si tu autoeficacia es baja, pecarás por defecto y no por exceso. Te estarás subestimando y adaptándote a la supuesta incapacidad que percibes en ti mismo. No dejes que el miedo y la inseguridad decidan por ti. Si no hay retos, la resignación está manejando tu vida. Tienes el derecho a esperar más de ti y de la vida.

7. Ponte a prueba y arriésgate - Los puntos anteriores son condiciones necesarias pero no suficientes para ser autoeficaz. Es fundamental que te animes a dar el paso decisivo: actuar para alcanzar las metas. Recuerda, la única forma de confiar en ti mismo es ponerte a prueba.

Cuando te sientas cómodo y seguro en tus intentos, pasa a una meta mayor. A medida que subas en los niveles de la autoexigencia personal, la autoeficacia y la confianza en ti msimo ser fortalecerán y así podrás vencer al cuarto jinete que te ayudará a tener un Yo fuerte. El reto en todo caso es encontrar un punto de equilibrio en tu dimensión personal y las distancias adecuadas para quererte a ti mismo cómodamente sin sobresaltos ni culpas. Pese a todo, el solo intento será saludable.

Ejercicio y dieta

Beneficios del deporte y el ejercicio físico

La actividad física controlada y planificada (el deporte), nos reporta muchos y grandes beneficios. Pero para obtenerlos tenemos que ser constantes en su práctica. El ejercicio físico practicado casi a diario y el con el tiempo suficiente nos puede ayudar en lo siguiente:

corazon
En el sistema cardio-respiratorio.

El músculo mas importante del cuerpo, el corazón, se muscula, se fortalece y pierde grasa que lo rodea con el ejercicio. Por lo que cada latido es más potente y puede trasladar mas sangre al resto del organismo. Esto resulta en una bajada de la frecuencia cardiaca en reposo, lo que mejora la economía y la eficacia de nuestro corazón.

Por la misma razón aumenta el calibre de las arterias coronarias, causantes de muchos de los problemas del sistema cardiovascular. Ayudando así al corazón a ser mas eficaz en el trasporte y retorno de la sangre.

Reduce la tensión arterial, por lo que todo el organismo sale beneficiado. Metabolismo

pulmon Con el ejercicio, fortalecemos todos los músculos, también los que se encargan de llenar y vaciar de aire los pulmones, haciendo que en cada respiración podamos tomar mas aire con menos gasto energético, haciendo la respiración mas eficiente, aumentando la oxigenación y reduciendo el estrés de estos músculos respiratorios.

Aumenta la superficie de transmisión del oxigeno a la sangre, esto se produce por una mayor capilarización y por un mayor numero de alvéolos en funcionamiento.

Aumenta nuestra capacidad pulmonar y limpia nuestros pulmones.

hueso
En nuestros músculos y huesos.

Con la ejercitación de las articulaciones aumentamos la flexibilidad dinámica de estas, por lo que nuestro rango de movimiento aumenta.

Los músculos aumentan de tamaño haciéndose mas fuertes y resistentes a lesiones.

Los huesos aumentan de groso haciéndose más resistentes a golpes y lesiones.

El aumento de la eficacia de las articulaciones debido a la musculación de tendones y ligamentos y a una mejora de la lubricación interna, sumado al aumento de la masa muscular y de su resistencia, hace que nuestra calidad de vida aumente exponencialmente. Pudiendo retrasar el evenjencimiento y aumentar las posibilidades de expansión como persona móvil e independiente.

En nuestra psique

La mejora de la calidad de vida, de la independencia, de nuestras posibilidades físicas, hace que nos sintamos más seguros y que nuestra autoestima aumente.

cerebro En casi todos los deportes aumenta la socialización de la persona.

Reduce el estrés.

Aumentamos las actividades de nuestro tiempo libre, haciéndonos más felices.

Aumentamos nuestros temas de conversación, aumentado por esto nuestra capacidad de socialización.

Aumentamos nuestro círculo de conocidos.

Contra el dolor y las lesiones

El aumento de nuestra capacidad física y de nuestra autoestima afecta reduciendo drásticamente muchos dolores difusos.

El fortalecimiento de nuestro organismo, hace que estemos más alerta, con más equilibrio y que tengamos un tiempo de reacción complejo más eficiente y rápido, por lo que las caídas y golpes se reducen.

El fortalecimiento de los músculos, el engrosamiento de los huesos, hace que las caídas sean menos traumáticas y se recupere el estado normal antes que una persona sedentaria.

Contra el envejecimiento

Muchos autores afirman que una persona de 65 años que haga ejercicio fisico a diario tiene una mayor capacidad física y vital que una persona de 45 años que no realiza ninguna actividad física. Estamos hablando de retrasar muchas variables del envejecimiento casi 20 años.

Prevención y dieta

Ya en 1984, el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estableció que un 35% de los tumores tenían su origen o estaban relacionados con factores alimentarios. Esta cifra es comparable a la de los casos de cáncer producidos por el tabaco, contabilizados en un 30%. Así, hace ya 15 años que los expertos sitúan los factores alimentarios a la cabeza de los factores de riesgo tumoral, debidos a una influencia ambiental externa.

Más recientemente, el primer informe global sobre dieta y cáncer, publicado en septiembre de 1997 por el Fondo Internacional para la Investigación del Cáncer, junto con el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer, no deja lugar a dudas sobre la íntima relación existente entre cáncer y dieta. Alimentos, Nutrición y Prevención del Cáncer: Una Perspectiva Global es un informe de 650 páginas elaborado por un equipo internacional de 15 científicos de 9 países, apoyados por más de 100 críticos, que evaluaron más de 4.000 estudios sobre la dieta y el cáncer.

noticia_2.gif (15690 bytes)El informe estima que un cambio en la dieta puede reducir la incidencia global de cáncer entre un 30 y un 40 por ciento, lo que equivale a entre tres y cuatro millones de casos anuales en todo el mundo. Junto con el abandono del tabaco implica que entre el 60 y el 70 por ciento de los cánceres son evitables.

La mayor parte del informe consiste en una evaluación de los vínculos entre una amplia gama de alimentos y bebidas, nutrientes, métodos de transformación y conservación alimentaria, tamaño corporal y nivel de actividad física, y cada uno de los dieciocho cánceres comunes. Para los factores estudiados que aumentan o disminuyen el riesgo de un cáncer dado, la intensidad de la asociación se clasificó como “convincente”, “probable” o “posible”. En general, los alimentos vegetales reducen el riesgo de cáncer. Por ejemplo, las verduras reducen el riesgo de cáncer de boca y faringe, esófago, pulmón, estómago, colon y recto (convincente), laringe, páncreas, mama y vejiga (probable), hígado, ovario, endometrio, cuello del útero, próstata, tiroides y riñón (posible). De manera similar, las frutas reducen el riesgo de cáncer de boca y faringe, esófago, pulmón y estómago (convincente), laringe, páncreas, mama y vejiga (probable), ovario, endometrio, cuello del útero y tiroides (posible). Por contraste, el alcohol, la carne, las dietas grasas y la obesidad incrementan el riesgo de diversos cánceres. La carne, por ejemplo, probablemente incrementa el riesgo de cáncer colorectal, y posiblemente incrementa el riesgo de los de páncreas, mama, próstata y riñón.

noticia_3.gif (4908 bytes)Los estudios realizados sobre vegetarianos muestran que tienen una menor incidencia de cáncer en general y de varios tipos específicos, tras tomar en consideración los efectos de otros factores del estilo de vida tales como el fumar y la cantidad de ejercicio. Estos beneficios se deben no sólo a la exclusión de la carne, sino también a la inclusión de una mayor cantidad y variedad de alimentos vegetales que contienen una amplia gama de sustancias que previenen el cáncer.

El equipo hace un total de catorce recomendaciones dietéticas dirigidas tanto a las autoridades como a los consumidores. Por ejemplo, a los consumidores se recomienda:

Elegir dietas basadas predominantemente en vegetales, ricas en diversidad de verduras y frutas, legumbres y alimentos almidonados mínimamente refinados (Rec. 1)

Mantener un peso corporal razonable (el índice de masa corporal, una medida de peso relativo calculada dividiendo tu peso en kilos por el cuadrado de tu altura en metros, debería estar entre 18.5 y 25 kg/m 2) (Rec. 2)

Dedicar una hora al día a caminar rápido o a un ejercicio similar, y también ejercitarse vigorosamente durante al menos una hora a la semana si la actividad laboral es baja o moderada (Rec. 3)
Comer diariamente 400-800 gramos (15-30 onzas) o cinco o más raciones de verduras y frutas variadas, durante todo el año (Rec. 4)

Comer diariamente 600-800 gramos (20-30 onzas) o más de siete raciones de cereales (granos), legumbres, raíces y tubérculos. Elegir alimento mínimamente procesados. Limitar el consumo de azúcar refinado (Rec. 5)

Limitar las bebidas alcohólicas, si no del todo, a menos de dos bebidas al día para los varones y una para las mujeres (Rec. 6)

Limitar el consumo de carne roja, si no del todo, a menos de 80 gramos (3 onzas) por día (Rec. 7)

Limitar el consumo de alimentos grasos, especialmente aquellos de origen animal (Rec. 8)

Limitar el consumo de alimentos salados y el uso de la sal en la cocina y en la mesa (Rec. 9)

Otras recomendaciones se refieren al almacenamiento y conservación de la comida (Rec. 10 & 11), la supervisión y aplicación de límites fiables para los aditivos alimentarios, residuos de pesticidas y otros contaminantes químicos en los alimentos (Rec. 12), el evitar los alimentos carbonizados (Rec. 13), y el uso de suplementos dietéticos que se opina que son “probablemente innecesarios, y posiblemente inútiles, para reducir el riesgo de cáncer” (Rec. 14). También se recomienda a los consumidores no fumar ni mascar tabaco.

En definitiva, las dietas hipercalóricas, las ricas en grasa y proteínas son las más peligrosas, junto con algunas formas de cocinar como la barbacoa, ahumados, salazón, etc. Por el contrario, la fibra (insoluble sobre todo), vitaminas y algunos minerales forman el grupo de protectores frente a los tumores. A algunos, incluso, se les atribuye el papel de “curativos”.

Actualmente, la investigación continua y los medios de comunicación no paran de bombardearnos con los resultados de nuevos estudios epidemiológicos o con algún nuevo compuesto derivado de alguna extraña planta amazónica. Sin embargo, el fantasma del cáncer sigue acechando a millones de personas cada día, sin que nadie encuentre la formula magistral que lo erradique para siempre de nuestras vidas. Quizá la respuesta no sea sencilla, …o a lo mejor es tan simple que la hemos olvidado.

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